Artículo del número 31


DON PABLO SARASATE Y FAMILIAS RELACIONADAS

Primeras relaciones familiares

Será difícil añadir nuevos enfoques a la grandeza de don Pablo Sarasate como intérprete violinista, ya que son tantos los elogios de sus biógrafos que están agotados los epítetos del diccionario. Su grandeza deslumbró tanto que cegó cuanto le rodeaba y, por ello, el entorno familiar queda oscurecido y confuso en sus biografías. He tenido la oportunidad de recoger de manera directa los recuerdos que sobre don Pablo tenían doña Josefina Trías Mena, fallecida en 2003, nieta de su hermana Francisca, asi como la continuidad de esta versión familiar por su hijo Rafael Rodríguez Trías que ha resultado crucial para precisar cuestiones de máximo interés. También las versiones de doña Esperanza y doña Josefina Landa Melliez, nietas de su hermana Micaela, me permiten aportar algunos datos que pueden contribuir a conocer mejor aspectos familiares del violinista.

Martín Melitón Pablo Sarasate y Navascués nació el día 10 de marzo de 1844 en la calle de san Nicolás, nº 51, cuarto 1º, según el Registro de Nacidos del Ayuntamiento de Pamplona (14). El acta de bautismo de la parroquia de san Nicolás no precisa el domicilio.

Fue el hijo mayor del matrimonio Miguel Sarasate y Javiera Navascués. Al año siguiente nació el 29 de septiembre de 1845 su hermana Micaela en la calle de San Nicolás nº 17 (11). Surgió la duda en 1893 sobre cual sería el verdadero domicilio del nacimiento de don Pablo. Esta se produjo en 1893 cuando el Ayuntamiento decidió colocar una placa conmemorativa en la casa de su nacimiento pero, como se había derribado en 1870 y se había construido otra en su lugar, fue necesario recurrir a preguntar a sus hermanas, Micaela y Francisca, qué sabían de ello. El marido de ésta última don Juan Cancio Mena, contestó con fecha 9 de mayo de 1893, que era indubitable, como también lo pensaba el Ayuntamiento, que había nacido “en la casa numero 19 y 21 numeración moderna de la calle san Nicolás, que corresponde al nº 51 de la antigua” (10), tal como se mantiene hoy en día.

Sin embargo, la partida de bautismo de Micaela Pascuala Sarasate Navascués, nacida al año siguiente, demuestra que un año después el domicilio estaba en el número 17 de la antigua numeración. La duda respecto al domicilio pudo estar en ese cambio de domicilio de los padres entre los dos nacimientos de ambos hermanos. En todo caso, don Pablo era el hermano mayor; luego vino Micaela al año siguiente. La familia se trasladó a Valladolid en el año 1846 y más tarde a Galicia

Tuvo otras dos hermanas, María y Francisca, que nacieron en tierras gallegas. De la primera sólo se conoce que ya había fallecido cuando doña Javiera, la gran sacrificada, se trasladó a Madrid en 1854 con sus tres hijos: Pablo, Micaela y Francisca, para que Martín Melitón iniciara su prodigiosa carrera, dejando en Galicia al progenitor. Se deduce que María nacería alrededor de 1849 y Francisca en La Coruña el 29 de noviembre de 1853, siendo en consecuencia la pequeña, que era lactante en su primer viaje a Madrid en 1854. Las fechas de nacimiento de estas dos hermanas algún biógrafo la sitúa a la inversa (10).

Pronto la familia se desmembró. El padre permaneció en la Coruña y luego recalaría de nuevo en Pamplona en 1870. En 1856, don Pablo parte desde Madrid para Paris a los 12 años con su madre y deja a sus hermanas Micaela de 11 años y a Francisca de tres años de edad en España, cuando pasan por Pamplona en 1855 donde Martín hace la primera comunión.

Muere doña Javiera en el mismo año, en 1856, en Bayona en el viaje que les llevaba a Paris, por cólera morbo asiático —durante la pandemia de 1854-56—, enfermedad que según algún biógrafo también adquirió el niño Martín que se recuperó (11). Don Pablo queda aislado de su familia biológica, aunque acogido y adoptado en Paris por el matrimonio sin hijos Lassabathié. Con su padre, don Miguel Sarasate, volvió a verse en Paris en 1861, una vez finalizados sus estudios en el Conservatorio, al que le plantea que desea seguir en Paris y realizar sus propios proyectos, no accediendo al deseo paterno de regresar a España. Su relación posterior fue por carta, no siempre escritas por él sino por su futuro administrador; aunque se volverían a ver en Pamplona en 1872, pero su correspondencia fue distanciada hasta que al morir su padre en 1884, le invadió un cierto arrepentimiento por su desapego (10).

Con sus hermanas fue escasa la convivencia, aunque sus acercamiento a Pamplona en 1855 para hacer la primera comunión, su venida a España en 1872 y desde luego a partir de 1878 con sus visitas anuales a Pamplona hace suponer una relación formal más frecuente, aunque Micaela vivía en Madrid. Francisca estaba más estable en Pamplona y, por supuesto, coincidirían durante los sanfermines, aunque también vivió en Zaragoza, ya que su marido fue entre 1888 (4) y 1916 (9) el Director de la Escuela de Comercio de Zaragoza.

Don Pablo hubo de construir su propia familia. Primero con el matrimonio Lassabathié, que lo acogió como hijo desde que llegó a Paris en 1856 a los 12 años, hasta que decidió volar por sí mismo como concertista en 1868 a los 24 años. A su madre adoptiva se dirigía siempre como “mi amada madre” y él como su “baby” (11). Sin embargo la brusca huida de Pablo de su hogar francés siendo ya viuda Madame Lassabathié, hizo que ésta le desheredara. Más tarde encontró, a partir de 1884, otra “familia” en la del matrimonio Otto y Berta Goldschmidt. Otto fue pianista, secretario y administrador (manager) de don Pablo desde 1877 y Berta Marx, su principal pianista-concertista desde 1884. Ambos contrajeron matrimonio en 1892 y tuvieron una hija, Bertina. Sus afectos familiares quedaron en ambas familias, sus hermanas biológicas quedaban en la distancia.

Micaela y Francisca crearon sus propias familias que desarrollaron los descendientes de don Pablo que continúan en el relato.

Familia Melliez Sarasate (la familia francesa)

De Micaela las noticias son las que pude recoger, en el año 2001, de sus nietas Esperanza y Josefina Landa Melliez Sarasate, cuando vivían en santa Engracia (Ibiza), pues no se conoce nada notable biografiado sobre ella. Casó Micaela con Camille Melliez, natural de Carcasonne (Francia), que era primer fagot de la capilla Real de S. M., primer fagor del Teatro Real y profesor de fagot en el Conservatorio de Música de Madrid (13). Consta en sus Archivos que fue profesor al menos entre 1846 y 1871, teniendo en esta fecha 51 años, esto es, nacido en el año 1820. Micaela Pascuala nació en 1845, por lo que era 25 años más joven que Camille. Vivieron en Madrid, y dada la vinculación de Camille con el Conservatorio y mundo musical, y por los frecuentes conciertos de don Pablo en Madrid, iniciados en 1868, y luego de manera habitual entre los años de 1880 y 1902, hace suponer una relación con su hermana y cuñado durante sus estancias como concertista en la capital de España.

Camilo Melliez fue un músico muy prestigiado que formaba parte tambien del elenco de la Sociedad de Cuartetos y de la Sociedad de Conciertos, dirigidas ambas por el profesor Monasterio, que en 1873 cobraba cuatro duros por concierto. El cronista de actividades musicales de La Ilustración Española y Americana en 1894 le recuerda como el inolvidable Melliez, lo que indica que en esa fecha ya había fallecido. Fue organizador de espectáculos en los que interpretaba arreglos para fagot como La Fantasía sobre la opera Nabuco y sobre la Sonámbula.

Hace pensar que Micaela casó tarde, a los 30 o 31 años de edad con Camille, que tendría 55 o 56 años y que es posible no fuera el primer matrimonio de éste.

Micaela y Camilo tuvieron en 1877 a María, única hija según sus nietas (15, 16), aunque queda el recuerdo en la familia Trias-Mena (18) de que tenía hermanos, posiblemente de un primer matrimonio de Camilo.

Madre e hija vivieron juntas toda su vida y los últimos años en la proximidad de don Pablo.

Es muy probable que Micaela fuera la hermana que más veces coincidió con don Pablo, ya que éste mantuvo estrecha relación con el Conservatorio de Música de Madrid del que fue nombrado profesor honorario en 1883, y a cuya institución regaló su Stradivarius de 1713, y en cuya fecha Camille Melliez era todavía o había sido profesor de fagot. Más tarde convivieron los hermanos en Biarritz después de que Micaela quedara viuda.

A principios del siglo XX, su hija María Melliez Sarasate conoció en Pamplona a José Joaquín Landa y de León, militar, hijo de don Nicasio Landa y doña María Dolores de León, que estaba destinado en Pamplona. Es probable que madre e hija le acompañaran a don Pablo a Pamplona durante los sanfermines, ya que Esperanza y Josefina creen que sus padres se conocieron en Pamplona y que José Joaquín la cortejaba a caballo por la Vuelta del Castillo.

María, que tenía la nacionalidad española y francesa, tuvo relación personal muy directa con don Pablo, hasta el extremo de oponerse éste a su boda con el “moscón”, José Joaquín Landa, que no era del agrado de don Pablo “por señoritingo y juerguista”, hasta el punto que tuvieron que esperar a la muerte de don Pablo para casarse en 1910. No le faltaba razón a don Pablo. Sin embargo, Micaela siempre se llevó muy bien con su yerno José Joaquín y convivieron en la misma casa hasta el final, muriendo ella en 1936, un año después que José Joaquín, en Biarritz.

María Melliez Sarasate y José Joaquín Landa y de León tuvieron tres hijas: Carlota (1910), Esperanza (1912) y Josefina (1913). Siempre vivieron juntas con su abuela Micaela. Los recuerdos familiares nos sitúan a esta familia siguiendo los poco brillantes destinos militares de José Joaquín. Estuvo destinado en África entre 1920-21 con frecuentes bajas y permisos, en donde adquirió un alcoholismo crónico porque, según sus hijas —exculpatorias—, en África, “por miedo a que los moros les envenenaran el agua bebía coñac” (sic). Su destino posterior fue San Sebastián, siendo educadas en el colegio francés de esta ciudad, pasando largas estancias en su casa de Biarritz. Josefina, la pequeña, nació en Pamplona en casa del Marqués del Amparo, en la calle Mayor (anterior palacio de Ezpeleta), y no volvió a Pamplona hasta 1944 —todavía vivía su madre— con motivo de un homenaje a don Pablo Sarasate por el centenario del nacimiento del gran intérprete.

Esperanza sólo vino una vez a Pamplona antes de la guerra civil y se alojó en el Hotel La Perla. Cuenta que al enterarse el Ayuntamiento que había una sobrina nieta de Sarasate y nieta de don Nicasio Landa, se presentó un señor del Ayuntamiento, vestido de negro y con sombrero, para darle homenaje, pero Esperanza no le recibió porque dijo que estaba “de incógnito y había venido a divertirse” (sic). No se conoce que Carlota viniera nunca a Pamplona.

En el año 1931 vivía la familia Landa Melliez, —a la que se habia incorportado Micaela—, en San Sebastián y al llegar la República, José Joaquín solicitó la baja en el ejército pues “no quería servir bajo la bandera tricolor” (sic), y fijaron su residencia definitiva en Biarritz en su casa “Villa Sarasate”, en Avenue Serrano, donde trascurrió el resto de la vida de Micaela, de María y de José Joaquín con sus tres hijas. Este murió alcoholizado en 1935, después de dos años de no levantarse de la cama bebiendo y fumando. Micaela murió también en Biarritz un año después, en 1936. Quedaron en Francia, María, que falleció en 1945, y sus hijas Carlota, Esperanza y Josefina, cuyos recuerdos quedaron ligados a San Sebastián y a Biarritz, sintiéndose vinculadas más a la familia Sarasate que a la familia Landa, y las tres adquirieron una cultura, modo de vida y mentalidad plenamente francesas, de costumbres mas liberales al igual que don Pablo.

La guerra civil española la pasaron en Biarritz, donde les sorprendió la ocupación alemana. Carlota colaboró activamente con la resistencia francesa y al final de la guerra fue condecorada por el gobierno francés. Esperanza y Josefina cultivaron amistades alemanas durante la ocupación, lo que le valió a Josefina salvar al pintor ruso judío Boris Pastukov (1894-1974), al que acompañó hasta la frontera española, con un salvoconducto del jefe de la GESTAPO de la zona, cuya mujer era amiga de Josefina. En agradecimiento le pintó un retrato en el que ostenta el escudo y anillo de su abuelo don Nicasio. En la actualidad, ya fallecido, es un pintor muy cotizado.

Finalizada la guerra, las tres hermanas vendieron todas sus pertenencias de Biarritz y se separaron cada una por su camino. Carlota trabajó en Paris en la oficina de prensa de la casa Pierre Balmain hasta su jubilación, retirándose a Palma de Mallorca hasta su fallecimiento. Esperanza se marchó a Madrid “a vivir su vida” (sic) con las relaciones familiares de los Landa y de León, acomodadas familias aristocráticas. A fines de los 80 fue a reencontrarse con su hermana Josefina en Ibiza. Josefina, al dejar Biarritz, se fue a Marbella, que no le gustó, y descubrió en 1947 las islas Pituisas hasta el fin de sus días. Gran deportista, jugadora de tenis y de trinquete, fue campeona de golf y de pesca submarina, deporte que practicó hasta los 77 años.

Mi contacto personal con estas singulares nietas de don Nicasio Landa y sobrinas nietas de Pablo Sarasate lo perdí en el 2004. Esperanza tendría en la actualidad 93 y Josefina 92 años. Las tres hermanas quedaron solteras, perdiéndose la descendencia Sarasate por parte de su hermana Micaela.

Familia Mena Sarasate (la familia pamplonesa)

Perdura la descendencia de don Pablo —sea por muchos siglos— sólo en la familia pamplonesa, que formaron en 1881 don Juan Cancio Mena y doña Francisca Sarasate Navascués, hermana menor de don Pablo.

María Francisca (4) nació en La Coruña en 1853, nueve años más joven que Martín Melitón; fue poetisa y escritora, contrajo matrimonio con el jurista don Juan Mena (4, 5), —hombre de negocios, polígrafo, secretario de la Diputación, director de la Escuela de Comercio de Zaragoza, y personalidad política y social relevante—, del que perdura descendencia familiar Sarasate. Era el segundo matrimonio de don Juan Mena. De las primeras nupcias con Amalia Sobrino tuvo cuatro hijos. María Francisca casó a los 28 años, cuando don Juan tenía 47. Nacieron de esta unión Joaquín, cuyos nietos y biznietos viven en Bilbao, San Sebastián y Madrid; Juan, sin descendencia; y María Mena Sarasate, que era prima carnal de la ya mencionada María Melliez Saraste.

María Mena casó con el militar Eduardo Trías Comadira y tuvieron a Miguel, Pilar, Blanca, María Dolores, Javier y Josefina, manteniéndose en la actualidad la descendencia de Miguel (una hija y dos nietos), Javier (tres hijos, seis nietos y dos biznietos) y de Josefina (seis hijos y dieciséis nietos). Las agradables charlas con ésta última me dieron noticia de acontecimientos que completan este relato.

En los tiempos de don Pablo, el interés se centra en las relaciones que tuvo con la familia pamplonesa, que era la que contaba en los medios oficiales de la ciudad, Diputación, Ayuntamiento, Nuevo Casino, y no parece que la relación con el artista fuera de una estrecha convivencia, salvo la correspondencia escrita frecuente dando noticia de sus giras. Más próximos estaban en la confianza “familiar” su primo Baldomero Navascués y amigos como Alberto Huarte, y los compañeros musicales como Arrieta, Arbós, Larregla, Zabalza, Otto Goldschmidt y Berta Marx. Sin embargo, la representación familiar a nivel social correspondió a Juan Cancio Mena.

Durante sus viajes a Pamplona desde luego que no faltaban las visitas a sus familiares y a ellos comunicaba su marcha cuando lo hacía de incógnito. Hay que considerar que don Juan Cancio Mena estaría ausente con frecuencia de Pamplona por ser el director de la Escuela de Comercio de Zaragoza desde 1888 a 1916, lo que no le impidió seguir manteniendo relación de publicista de colaboración política con Navarra y social con el Nuevo Casino de Pamplona (2). Fue la persona visible de las relaciones familiares-oficiales ante las autoridades, como lo prueba por un lado la consulta que resuelve en nombre de las hermanas Sarasate en 1893 sobre la ubicación de la casa natal (9), y todavía es más evidente cuando al colocar la placa conmemorativa en la casa 19-21 de la calle san Nicolás, la emoción impidió a don Pablo decir unas palabras, cuyo discurso hubo de leer su cuñado Juan Cancio Mena.

No fue menor la intervención con motivo de nombrarle hijo predilecto en 1902, en cuyo acto se encontró toda la familia: “acompañaban a nuestro paisano sus hermanas doña Micaela y doña Francisca Sarasate de Mena, y sobrinas María Meller (Melliez) y María Mena y Sarasate; la notable pianista Berta Marx y su marido; el cuñado del señor Sarasate, el infatigable publicista don Juan Cancio Mena, y su hijo el distinguido joven don Joaquín Mena y Sarasate” (1).

Con motivo del sepelio de don Pablo el 25 de septiembre de 1908, el protagonismo familiar volvió a estar en la persona de Don Juan Cancio y de su hijo Joaquín, pero esto forma parte de un análisis más pormenorizado.

La familia de don Pablo en el testamento y en el sepelio

En el libro de registro de defunciones y enterramientos del Ayuntamiento de Pamplona-negociado de estadística. Año 1908, consta:

Folio 24. 	Fecha de defunción 20 de septiembre
	 	Fecha de enterramiento 25 de septiembre
		Edad 64 años
		Domicilio: Biarritz (Francia)
		Estado soltero
		Diagnóstico: Bronquitis enfisematosa

En los últimos meses de su vida refiere el biógrafo contemporáneo, Julio Altadill (1), que tuvo hemorragias (31 mayo 1908), tras las cuales respiraba bien y no tosía (1) (Altadill J., pag 537). Fue tratado con ventosas para descongestionar el pulmón. Falleció el día 20 de septiembre y permaneció en Villa Navarra hasta su traslado a Pamplona el día 25. El cadáver fue recibido de manera oficial y gran solemnidad en fervor de masas el mismo día 25. El sepelio fue presidido por las autoridades y, por parte familiar por Juan Cancio Mena y su hijo Joaquín, que llevaba las cintas en representación de la familia, si bien no se cita a las hermanas.

El cadáver estuvo expuesto en el Ayuntamiento durante la noche del 25 al 26, desde donde se despidió el duelo. Las únicas mujeres que figuran estaban presentes en la despedida y eran las músicas Berta Marx y Pilar Michelena. No se cita a sus hermanas. Trasladado el cadáver al cementerio, también su cuñado estuvo en la inhumación. El funeral oficial fue en la Catedral el día 27, y el familiar en san Nicolás, dos días mas tarde.

El testamento se recibió desde Paris en Villa Navarra (Biarritz) el día 23 de septiembre, antes del traslado del cadáver a Pamplona, y allí mismo fue leído por Otto Goldschmidt, estando todavía don Pablo “de cuerpo presente”, a los parientes e íntimos del gran artista aquella última voluntad. Es de suponer que estarían entre los familiares sus hermanas Micaela y Francisca y, por supuesto, su cuñado Juan Cancio.

Sin duda no dejaría de extrañar, —con sorpresa contenida— que fuera el propio Otto Goldschmidt quien pidiera el testamento a Paris con carácter urgente y lo leyera él mismo, cuando resultó ser a posteriori albacea y beneficiado. Cuando se realizan las pompas fúnebres en Pamplona ya era conocido el testamento por la familia.

Consta en la biografía de Julio Altadill (1) , escrita al año del fallecimiento, los siguientes datos: El testamento fue otorgado en Paris el 12 de Junio de 1894, iniciado en estos términos: “Instituyo por herederas y legatarias universales a cada una por la mitad, a mis dos hermanas Micaela y Francisca” (pag 604) y después a sus descendientes y siempre mutuamente, con la obligación de soportar las cargas derivadas del testamento.

En compensación a esta generosa herencia todos los gastos correspondieron a los herederos a los que ordena sea dejado su cadáver en un sepulcro provisional “hasta tanto pueda ser trasladado a Pamplona, dejando al cuidado de mis herederos universales el cumplimiento de este encargo como condición esencial inherente a dicha cualidad de herederos.”

Dispuso ciertas mandas y recuerdos como mobiliario, violines, joyas, pitilleras, coronas olímpicas de plata y oro etc. etc, al Ayuntamiento de Pamplona; otras, a los conservatorios de música y la institución de premios musicales; legados a sus bibliotecas; a los pobres de Pamplona; y no olvidó a su fiel ayuda de cámara Charles Gonin. Pero el núcleo testamentario se encontraba en los codicilos añadidos.

Añadió don Pablo cuatro codicilos: en el 3º, de fecha 23 de Marzo de 1905, nombró albacea en sustitución de otro “quidam” a Otto Goldschmidt, su administrador y manager, y en el 4º, de fecha 5 de mayo de 1908, cuando don Pablo ya había dado muestras de enfermedad avanzada, lega su casa de Biarritz Villa Navarra a la señorita Bertilia Goldschmidt y quince mil francos en previsión de su futura boda (tenía 12 años). Del resto de propiedades, fondos dinerarios, y valores bancarios, que solo Otto conocería, se desconoce en que cuantía llegó a sus herederas.

Todavía Francisca y Micaela, debían escuchar una admonición de don Pablo: “y si alguno de mis herederos legatarios presentase dificultades en cuanto a la ejecución de mi testamento o pretendiese inmiscuirse en el arreglo de mi herencia, en oposición de mis albaceas, anulo todo legado hecho a favor del tal, y nombro a su vez y lugar al Ayuntamiento de Pam-plona. 3 de mayo de 1908” (Altadill J., pag 608).

¡Caramba con don Pablo! ¿Es creíble que estas últimas voluntades no fueran inducidas por los que le rodeaban? No se justifican estas últimas voluntades a no ser que intuyamos que las redactó el propio Otto. ¿No escribía las cartas de don Pablo a su padre? Cuánto mejor pudo escribir o dictar los codicilos ya de viejo y enfermo don Pablo. ¿Qué cuantía hizo llegar Otto a sus herederas?

Cuentan algunos cronistas (Galo Maria Mangado) (2) que debio quedar para las hermanas un millon de pesetas a cada una, y otros referencian que medio (19). En cualquier caso cumplieron las hermanas, como herederas con las cargas y costearon a sus expensas el bonito mausoleo del cementerio de Pamplona sin aportación alguna por parte del Ayuntamiento, en el que bien dejaron constancia su fraternidad esculpida en el mismo:

A nuestro hermano
del alma
Micaela y Francisca
Año 1909

Un error se coló en el mismo: la fecha de nacimiento que consta erróneamente como el 10 de mayo en lugar del 10 de marzo, ya observado por F. Pérez Ollo (9).

Otto Goldschmidt influyó sin duda en Sarasate para cambiar en beneficio de su hija el testamento; los familiares directos recibieron algunos recuerdos de valor, posiblemente en vida. La financiación del mausoleo hace suponer que recibieron cantidad dineraria apreciable. Sin embargo, Esperanza Landa me confesó: “el judío alemán que era el administrador o secretario de Sarasate arruinó a mi madre y a mi abuela, y se llevó 60.000 francos de oro que le había dejado a mi abuela” (16, 17).

Este mal recuerdo no ha perdurado en la familia pamplonesa

Decisiones firmes y decisivas de don Pablo

A través de las distintas, aunque escasas biografías de don Pablo, puede conocerse su carácter firme que fue clave para alcanzar las elevadas cotas artísticas sociales y de alta alcurnia que alcanzó a nivel mundial. Sin su carácter firme y recio, que le hizo asumir decisiones durísimas desde el punto de vista personal y familiar, desde muy niño, no hablaríamos de Sarasate.

La primera fue a los 12 años, al encontrase sólo y huérfano al morir de cólera su madre en Bayona de forma repentina. Bien tutelado por el cónsul de Bayona, también pamplonés, don Ignacio García, la decisión no fue volver con su padre y sus hermanas, sino cerrar los puños morderse los labios y seguir adelante, huérfano, hacia Paris. La suerte en esta capital, fue la acogida por la señora Lassabathié como su segunda madre a quien debió toda su educación de juventud, pero una vez finalizados sus estudios en París en 1861 tuvo que decidir teniendo delante a su padre Miguel y a su preceptor parisino, si volvía a España o se quedaba en Paris, para alcanzar el profesorado en los conservatorios homónimos de cada país. Tuvo que decir a su padre: “Quiero quedarme” (10).

Suponía la ruptura con la familia y con su patria. Pero el triunfo de su familia francesa fue fugaz. Martín Melitón no quería la vida cómoda estable de París y un puesto fijo de trabajo de funcionario, y ante las dificultades de ser comprendido, y el dolor de la separación, decidió escaparse y despedirse por carta de su “querida madre” francesa, desde el Havre, al tomar el barco para América. No menos duras y decisivas fueron las decisiones en el terreno sentimental. Está probado su enamoramiento en 1864, cuando tenía 20 años, de la señorita Marie Lefebure-Welly, hija del organista de la iglesia de La Madeleine y de Saint Sulpice, su primer amor (10). La decisión de alejarse de Paris con un cuarteto de juventud por varios meses en distintas ciudades dio como resultado la ruptura con la que se consideraba su prometida, que eligió a otro más estable. En esta ruptura decidió muchas cosas y entre ellas su propia y libre trayectoria vital y artística, no sin antes inmortalizar la relación con su amada en la composición “Les Adieux”, opus 9.

Varias son los episodios de flirteos o enamoramiento de don Pablo de los que de todos ellos huyó, no por misoginia ni por presunta homosexualidad, imputada villanamente por don Pío Baroja, en cuya cabeza recalentada por la boina y sus caseríos aldeanos, no podía comprender que don Pablo era un artista internacional de los ambientes aristocráticos que cuidaba su imagen, y no por ello puede cotejársele de “amadamado”. A nadie se le ocurriría llamar a “El Fari”, por llevar zapatos con tacón debido a su pequeña estatura, “cocinera” (9). Inadmisible.

En su primera gira Americana entre 1868-1870, su trabajo inicial fue acompañar los conciertos de la Moulton, de la que escribió a su madre afectiva: “dicen de mi nueva y atractiva directora (que está más bonita que cuando la ví en Paris) que canta como un ruiseñor” y en su gira por Hispa-noamérica tuvo relaciones y propuesta matrimonial por parte de “la encantadora y acaudalada” bonaerense Eva, que quiso retenerlo, bajo los oficios casamenteros de un sacerdote navarro, el padre Toledo y la oposición de su empresario, (Baldomero Barón (2), y entre promesas y contrapromesas consiguió embarcar de vuelta, a pesar de la presión del entorno para su boda (11). Siguió por Montevideo y Chile.

Más tarde, en 1877, al finalizar un concierto en Laibach (Alemania) quiso conocer a la señorita Pessiak que le mandó unos versos declaratorios y a punto estuvo de perder el tren (11).

En 1880 estaba en boca de todos una lady inglesa cuya relación no debió de ser fugaz, ya que le declaró a don Pablo su amor y su firme decisión de divorciarse para casarse con él. También estuvo en lenguas en Pamplona entre sus amigos con “la ferroviaria”, una señorita francesa hija del ingeniero de la compañía ferroviaria del Norte.

En época no precisada se le relacionó también con Elisabeth-Caroline Szarrady, hija de un pianista (8). No le faltaron propuestas y las oportunidades parece fueron habituales, adorado por el público femenino en directo, en los ambientes de los salones europeos. El afecto familiar lo encontró primero con el matrimonio Lassabethié, y luego en el de Otto y Berta Goldschmid; y el afecto sentimental, quedó para el propio coleto de don Pablo, pero suficientes pruebas hay para saber la atracción mutua con el sexo opuesto, “Ya que era irresistible con las damas” (11).

En San Sebastián era asiduo al Restaurante “La Mallorquina” en el que hacia tertulia. En una de ellas fue preguntado por una dama alemana que visitaba con frecuencia. “Si me quiere mucho” contestó, y a la vez que enseñaba algún regalo que le había hecho se negó a dar su nombre (11).

Sus amigos siempre le indujeron al matrimonio en todo momento, incluso cuando ya le vieron viejo. En 1907 escribe a su amigo Alberto Huarte: “más vale callar a tiempo, sobre todo cuando el mundo entero, —Europa y América— me quieren casar, por más que les digo que ya estoy casado con Pamplona, que no me encontrará nunca viejo, y que no se puede soñar una unión más ideal, segura y perfecta” (7). Una muestra de la ironía de don Pablo. Mas realismo nos transmite el comentario a un amigo que sinceró a don Pablo: “Yo no se si acerté al seguir mi vocación y si no hubiera sido mas feliz creándome una familia y viviendo como tantos viven.” (Baldomero Barón) (2) .

Se presenta en Pamplona una hija de don Pablo

A mitad de los años 50 del siglo XX se presenta una señora de mediana edad, que venía de Viena. Hablaba alemán y tenía nociones de francés. Tiene la pretensión de localizar y conocer a la familia pamplonesa Sarasate, a través de la Embajada de España en Austria, dando fácilmente con María Mena Sarasate, a quien sorprende su declaración de que quería conocer Pamplona y a su familia, porque su madre le había confesado que su verdadero padre había sido el insigne don Pablo Sarasate. Su madre, de nombre Albina, —según confesión propia—, había sido florista en Viena. Dijo llamarse Rosa y haber nacido en 1903 (17, 18).

Así pues, Rosa von Jedina aparece en Pamplona sin más pretensión que conocer los orígenes de don Pablo y de su familia. Sólo le avalaba su propio testimonio.

A pesar del estupor inicial, María Mena y su familia acogieron y desarrollaron una relación de amistad con su supuesta prima que estuvo visitando Pamplona, regularmente, todos los veranos, hasta mitad de los años 70. En sus primeras visitas vino sola. Poco tiempo después, acompañada por su marido el Barón Raul von Jedina, de raigambre aristocrática vienesa, continuó visitando Pamplona hasta el fallecimiento de éste a finales de los años 60. Posteriormente continuó viniendo sola, hasta su última visita, en el año 73 en el que vino acompañada de su amiga Leopoldina (10).

En sus estancias en Pamplona, durante más de 20 años, se alojó en el Hotel La Perla los primeros años, y más tarde en la Residencia de María Inmaculada (Servicio doméstico).

Cuando, a mitad de los 70, por motivos de salud, dejó de venir a Pamplona, continuó su correspondencia con la familia, especialmente con su prima María Mena y su hija Josefina. Reiteró numerosas veces la invitación para que la familia de Pamplona le visitara en Viena, pero, por diversos motivos, esta visita se fue demorando y, hacia el año 80, dejó de contestar a las cartas enviadas desde Pamplona.

Rosa había vivido, con su marido y más tarde, ya viuda, en una céntrica calle de Viena, en Schwarzs-panierstrasse 15, precisamente donde estaba la casa en que murió Beethoven. En algún momento su salud se deterioró hasta el punto de tener que marchar a una residencia, y no avisó de su marcha a la familia de Pamplona. No obstante, en octubre de 1986, Rafael Rodríguez Trías, hijo de Josefina, aprovechó un viaje para acercarse a Viena y preguntar por ella en la casa donde había vivido. Los vecinos le indicaron que, efectivamente, se había trasladado a una residencia y que seguía con vida, aunque con no muy buena salud. Rafael pudo así visitarla en la residencia de las Hermanas de la Caridad de Kirchstetten, un pequeño pueblo de la Baja Austria, a una hora en tren de Viena. Aunque la memoria de Rosa estaba bastante deteriorada, todavía pudo decir algunas frases en español y preguntar por María Mena (que había fallecido tres años antes). De esta visita son las últimas fotos que se conservan de Rosa. Una vez restablecido el contacto, la familia mantuvo correspondencia con las monjas que la atendían hasta que, unos meses después, en marzo de 1987, comunicaron que Rosa había fallecido (18).

También otras personas se relacionaron con ella sin publicidad, que nadie quería, ni Rosa buscaba, como José María Aristu Maritorena conocido por su dedicación a la musicología y a los artistas navarros. La noticia fue también desvelada en 1994 en la revista londinense The Stradt Magazine (8), que no he localizado.

Solo pretendía sentirse acogida dentro de la familia que la vida le había arrebatado. Nunca se supo si don Pablo tuvo noticia de esta hija, ni si la conoció durante los años que acudía asiduo hasta su último concierto en Viena en 1908, cuando ya había nacido Rosa; tampoco se sabe si volvió a ver a la florista.

En todo caso parece que Rosa von Jedina nació en el seno de un matrimonio legal, cuyo apellido de soltera que ella comunicó no se ha retenido en el recuerdo.

Un relato luctuoso familiar tras la muerte de don Pablo

El relato que sigue a continuación lo he recogido de manera independiente por transmisión verbal de las nietas de Micaela, Josefina (15) y Esperanza Landa (16) y de la nieta de Francisca, Josefina Trías (17), que coincidieron de manera ocasional. Algo sabían entre ellas de su paradero, de tal modo que Josefina Trías me orientó hacia las Landa en Malaga e Ibiza, que conseguí localizar. El relato no puede ser ideado sino que al ser tan coincidente en ambos descendientes, en las persona y en el tiempo, sólo puede ser veraz, aunque no he podido encontrar documentación suficiente que lo corrobore, ni tengo seguridad del lugar en el que se produjo. Ha de valer por tanto la transmisión verbal (17).

Entre 1907 y 1910 ocurrió el asesinato por celos de Rosa Díaz de Herrera y de León, al ser sorprendida por su marido que era militar, con su amante, que a su vez era el asistente de aquél. Este hecho salpicó indirectamente a las familias Sarasate; tanto a la pamplonesa como la francesa, y cubrió de vergüenza a todos los implicados en la medida que tal acontecimiento era considerado en la época. Rosa Díaz de Herrera y de León era hija del General Segundo Díaz de Herrera, de brillante trayectoria en Cuba, y del segundo matrimonio de Dolores de León, que al enviudar volvió a casar por tercera vez con don Nicasio Landa. Rosa tenía un hermano, Carlos, y ambos eran hermanos de madre de José Joaquín Landa y de León, fruto de la segunda unión referida. En consecuencia, la asesinada era cuñada de María Melliez Saraste.

Se dio la circunstancia que Carlos Díaz de Herrera cuando ocurren los hechos era novio a su vez de María Mena Sarasate y el hecho llenó de tanta vergüenza a las familias, que Juan Cancio Mena prohibió la continuación del noviazgo de su hija con Carlos, víctimas inocentes de todo el afaire. Éste emigró a América y tuvo una larga descendencia. María Mena Sarasate, por su parte, hemos visto que desposó en 1914 con Eduardo Trías Comadira.

El marido ofendido fue condenado con el destierro como correspondía en la epoca en crímenes en defensa de su honor, persona cuyo nombre queda oculto en espera confirmar su identidad con la oportuna documentación.

Es curioso que la versión que del hecho dio la familia del asesino tal como me la transmitió Esperanza Landa (14) es algo diferente: “Su marido era muy celoso, y un día al llegar a casa vio que Rosa escondía en el escote un ?billete?”. Él creyó que era un billete de amor y la asesinó, y al caer muerta vio que era un billete del Banco de España. Complaciente final para este dramático suceso. Y así finaliza este anecdotario histórico, de las familias relacionadas con el insigne don Pablo Sarasate.

José Javier Viñes

Bibliografía:
1. Altadill J. Memorias de Sarasate. Pamplona, 1909.
2. Centenario de Gayarre y Sarasate. Pamplona, 1944.
3. Del Guayo J, Martínez Arce M. D. El Nuevo Casino de Pamplona. Pamplona, 2006.
4. García-Sanz Marcotegui, J. Diccionario biográfico de los diputados forales de navarra1931-1984 y de los secretarios de la Diputación 1834-1984. Pamplona, 1998.
5. Gran Enciclopedia Larousse, Tomo 2, Barcelona.
6 Gran Enciclopedia de Navarra, Tomo X. Pamplona, 1990.
7. Huarte Myers A. Vuestro amigo y paisano, Pablo Sa-rasate. Pamplona, 1996.
8. Iberni L. G. Pablo Sarasate. Madrid, 1994
9. Pérez Ollo F.. Sarasate. Temas de Cultura Popular, nº 40. Pamplona, 1969.
10. Plantón C. Pablo Sarasate (1844-1908). Pamplona, 2000.
11. Zárate L. Sarasate. Barcelona, 1945.

Fuentes y archivos:
12. Archivo parroquial de San Nicolás. Pamplona.
13. Real Conservatorio de Música de Madrid.
14. Archivo Municipal del Ayuntamiento de Pamplona.

Transmisión verbal:
15. Esperanza Landa Melliez De León Sarasate.
16. Josefina Landa Melliez De León Sarasate.
17. Josefina Trías Mena Comadira Sarasate.
18. Rafael Rodríguez Trías

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